miércoles, 9 de abril de 2008

Quizás sea de cierta manera... así...

La descripción precisa es a veces imposible. Hay un manto de soledad errabunda que nos envuelve. Pasamos a ser, seres ilusos en búsqueda continua y permanente de ese sentimiento que se llama amor… Obnubilados, terminamos conformándonos con caricias llenas de vacíos, de alguien que no queremos, pero que de cierta manera, para saciar a la soledad, nos hace falta. Hay una desesperación que nos lleva a clamar de forma patética, que alguien, cualquiera sea, nos devuelva un poco, de lo mucho que soñamos a la hora de querer. El príncipe azul está marchito. Sólo queda algo de él en la quimérica ilusión de nuestra fantasía. La carencia es una característica que nos viste. Sólo que el silencio nos calla y la rutina nos venda. Después de todo… lo superficial está a la orden del día… ¿cómo podríamos escaparnos? Las flores de plástico también se marchitan y pierden su color con el tiempo. Las conjeturas son infinitas en lo incierto… aunque lo cierto sea, que aunque el tiempo se derrita, nosotros, los humanos, nunca perderemos la capacidad de creer en la ilusión que inventamos. Humano, demasiado humano…

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